Dorothy Day, Peter Maurin y el movimiento Trabajador Católico

Primera entre los Testigos

¿Quién heredará el legado de Dorothy Day?

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El corazón de su espiritualidad

La espiritualidad de Dorothy Day se centraba en Cristo. Merriman nos dice que la centralidad de la Eucaristía era decisivo para Dorothy y ella nunca dejó de considerarlo como la obra más grande del día (para ella misma y para los Trabajadores Católicos). Toda su vida fue un encuentro con Cristo, ya fuese que lo encontrara en forma humana en los pobres, o en la Eucaristía disfrazado en verbo y símbolo humano, transformándola íntimamente para que ella pudiese decir, "Ahora, no vivo yo, sino Jesucristo es quien vive en mí." Ella creía, con el conocimiento del movimiento litúrgico, que toda la vida manaba del culto.

En realidad, Dorothy Day creía que la oración era la primera obligación de todos aquellos que trabajaban por la justicia social, y que solamente aquello que se hiciera por Cristo y con Cristo era de valor.

Ella estaba convencida que el movimiento del Trabajador Católico era el resultado de que ella iba a Misa diaria, recibiendo comunión diaria y clamando por dirección como Samuel.

El movimiento del retiro

El Trabajador Católico tenía su propio movimiento de retiro desde finales de los años 30. Padre John Hugo, líder principal de E.E.U.U. del famoso "Retiro", tuvo un papel significante en la vida de Dorothy Day y el movimiento del Trabajador Católico.

A Dorothy le gustaba mucho el retiro, ella quería que todos los Trabajadores Católicos hicieran el retiro y también trató de empezar un centro de retiros para sacerdotes.

El retiro empezó a ser criticado, especialmente el fundador canadiense del movimiento del retiro, Onésimo Lacouture, S.J., debido a su énfasis en el alejamiento de los placeres y cosas mundanas, si uno iba a ponerse a Cristo. Comenzaron las controversias por recomendar a los sacerdotes diocesanos y a los laicos que dejaran de fumar o quitasen las radios de sus automoviles, etc., para amar mejor a Jesus. Esta controversia le causó mucha pena a Dorothy Day, porque ella amaba el movimiento de retiro. Esperar que la gente y sacerdotes diocesanos trataran de ser como el Cure de Ars o San Juan de la Cruz era considerado como al borde de la herejía.

Dorothy Day, que había sido atraída al retiro por su incesante búsqueda de una síntesis, lo veía durante toda su vida como una manera de ayudar a la gente a continuar su búsqueda de Dios y a darse cuenta de que el único objetivo para el que fuimos creados es para convertirnos en santos. Padre Hugo, a quien se le había prohibido dar el retiro por el Obispo John Deardon, fue después incitado por el Obispo John Wright a dar el retiro en l959.

La locura de la cruz

El retiro enfatizaba el hecho de que la locura de la cruz frequentemente se convertía en realidad para aquellos que eran seguidores del Nazareno. Dorothy Day escribió acerca de enfrentarse a la cruz como una parte del retiro en un artículo en el Trabajador Católico en l947.

"Uno podrá decir que el retiro...es un retiro básico porque hace a la gente comprender y enfrentar aún con desesperación la labor que está frente a ellos, la muerte a sí mismo el escogido debe cruzar, para encontrar a Dios. Debemos empezar alguna vez a tratar de alcanzar la santidad. La tragedia, dice Newman, es nunca empezar, haber puesto la mano al arado, luego volver atrás. En convertirse en un radical cansado. El acomodarse para disfrutar confortablemente las acciones pasadas de sacrificio propio. No es suficiente, dice San Ambrosio, el dejar todas nuestras pertenencias, debemos seguirlo a El y esto significa a la Cruz, a Gethsemaní y al Calvario, antes de poder compartir en la Resurrección y Ascensión."

Los dones especiales de Dorothy Day

Fue el genio intuitivo de Dorothy Day, nos dice Merriman, que tradujo las abstracciones de Maurin en Obras de Misericordia. Y su visión y vida práctica de las Obras de Misericordia mismas fue única. Ella enfatizaba que ya que para el Trabajador Católico las Obras de Misericordia incluía, no solamente dar de comer al hambriento, dar albergue a los destituídos, visitar a los enfermos, los presos, y sepultar a los muertos, sino instruir a los ignorantes.

"Ponemos la publicación del periódico, el salir a la calle llevando cartulinas, repartiento anuncios, y aún en ocasiones el ser encarcelado como parte de las obras de misericordia".

Dorothy también llevó un don único al Trabajador Católico en el carisma del pacifismo. Pacifista antes de la fundación del Trabajador Católico, frequentemente escribía de la oposición del trabajo de amor al trabajo de violencia o guerra. En l937 ella dijo, "Yo no creo que el amor pueda ser expresado por gas lacrimógeno o garrotes policiacos, por bombardeos aéreos y matanzas". Su pacifismo se relacionaba con las enseñanzas del Señor en el Sermón de la Montaña.

Y su experiencia periodística le ayudaba a llevar las ideas del Trabajador Católico al movimiento laico nacional. Uno bien podía creer que una parte del programa del Trabajador Católico, la publicación del periódico, tratando de traer a Cristo a todas las áreas de la vida, era una parte de la espiritualidad--llevando el mensaje a los laicos, clero y obispos al igual. Ella decía que Dios le dio una vocación de ser escritora. Y así ella escribía.

Santos como modelos

Uno de los más importantes aspectos de la espiritualidad de Dorothy Day era su creencia en los consejos evangelicos de perfección--el llamado a santidad dirigido a todos los cristianos en el Sermón de la Montaña. Los santos que habían tratado de vivir este ideal durante sus vidas eran tan reales para Dorothy Day como sus amigos visibles. Ella recibía inspiración de muchos, entre ellos pacifistas, santos socialmente activos y grandes místicos. Eran para ella sus amigos y modelos para imitar--personas como Sta. Catalina de Siena, Sta. Teresa de Avila, Sta. Teresa de Lisieux y Juliana de Norwich.

San Francisco de Asís fue una gran inspiración para Peter Maurin y Dorothy Day, como un hombre ardientemente en amor con Cristo, cuya dedicación a la pobreza voluntaria, pacifismo, labor manual y personalismo los dos lo encontraban muy atrayente.

El amor es la medida

Dorothy veía a los santos como modelos de grandeza en su capacidad de amar.

Siempre regresando a S. Mateo 25, ella enfatizaba que en el fin todos seríamos juzgados en amor--amor en práctica. Ella frecuentemente decía: "El amor es la medida por la cual seremos juzgados".

¿Quién heredará su legado?

¿Quién heredará el legado de Dorothy Day? ¿Será el Trabajador Católico de Nueva York, de Los Angeles? ¿Será la Casa Llewellyn Scott en Washington, D.C.? ¿Será la casa en Tacoma, Washington, o Dallas, Texas, o la Casa de San Juan de la Cruz en Cedar Rapids, o una de las otras casas del Trabajador Católico? ¿Será alguna de las muchas casas dedicadas a amar y la ética consistente de vida?

¿Surgirán líderes individuales? ¿Podrá ser todo el movimiento completo? ¿Encontrará el movimiento unidad en esta gran espiritualidad?

Cualquiera que siga la profunda espiritualidad delineada en este libro heredará el legado. Aquellos que no teman seguir los pasos de Dorothy Day, cubiertos con todo el manto del Trabajador Católico, heredarán el legado.

La fidelidad al movimiento y pureza de doctrina dependerá en la dedicación a la espiritualidad de Dorothy Day del Trabajador.

A menos que nosotros como Trabajadores nos encontremos empapados en los valores de los Evangelios, como Dorothy, es posible que nos conviertamos en resonantes gongos y retumbantes címbalos. Es posible que nos podamos desintegrar en una torre de Babel de activismo ligero, o peor aún, que adoptemos una visión que consideremos ortodoxa, pero solamente podrá ser llamada miope y oblícua. Sería mejor conseguir un empleo.

No podemos pensar en algún problema o desacuerdo en el movimiento Trabajador, ya sea moral, ético o social, que no se pueda resolver enfocándonos en estos valores.

Parece que necesitamos una revolución del corazón en Houston o donde sea.

Que todos nosotros seamos consumidos con una respuesta apasionada a la llamada del Evangelio hacia la santidad, para amar más allá de la medida, como reflejamos en el significado de la vida y espiritualidad de Dorothy Day.

¡Que aprendamos a amarnos unos a otros!

Que la Santa Envidia (de tratar de ser como Dorothy Day y los santos al ponernos a Cristo) nos envuelva.

Trabajador Católico de Houston, Vol. XIV, No. 4, junio 1994

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